La vida es un sueño, lucha por los tuyos

Los miedos

¡Hola a tod@s! Hoy os traigo una entrada que escribí en el avión de vuelta de Gran Canaria. Espero que os guste.

Empieza así:

Tengo un máster en miedos, son mi especialidad.

El jueves tenía que coger un vuelo a Gran Canaria, me iba a visitar a una gran amiga (no había ido antes por miedo al avión) e iba acompañada de mi otro gran amigo. Él siempre me decía “tenemos que ir”, y yo siempre ponía excusas porque me daba pánico el avión. La última vez que subí era una niña chica que se iba a Eurodisney con el cole, y después de eso, llovió mucho y feo.

Mi amigo me dijo “voy a comprar los billetes”, y yo a regañadientes acepté, porque aun quedaba un mes para ir y tenía tiempo de concienciarme. Conforme llegaba el día me ponía más nerviosa, la noche de antes no pude apenas dormir, y ese mismo día estaba descompuesta; sudores de manos, taquicardia, angustia… estaba amarilla!!!! El despegue fue horrible, grité cuando estaba despegando, y me abracé a mi amigo, tenía tanta tensión que decidí tomarme un diazepan. Me quedé dormida… El diazepan está para eso, no soy muy partidaria de tomar pastillas, pero hay casos que lo veo necesario. Y este lo era. Debo deciros, sin embargo, que el aterrizaje ya fue mucho mejor.

Y ahora me encuentro en el avión regresando de Gran Canaria contándoos que mi miedo ha desaparecido, probablemente nunca me gustará volar, y tendré cierta inquietud, pero hoy me he propuesto disfrutar del vuelo. Y así estoy haciendo. El despegue me ha gustado, me he sentido bien y lo he disfrutado, es la sensación de dejar una maleta, un sufrimiento, dejar algo atrás y respirar. Y es que Belén Guerrero una vez me dijo “si el monstruo está en esa puerta, ábrela, enfréntate a él, es la única manera que conseguirás vencerlo”. Y es una realidad, una verdad muy grande.

También contaros que durante mi viaje hice parasailing, y es que te elevan con un paracaídas 200 metros sobre la superficie del mar. Pues bien contraté el servicio una vez estando en el barco sin saber si sería capaz, pero yo lo afronté de manera diferente, decidí no pensar en eso y cuando llegara el momento si no quería subir, siempre podía decir no (aunque perdería el dinero). Pero el día pensaba disfrutarlo y vaya si lo hice (snorker, banana, moto acuática, cuevas…). Y bien, llegó el momento, pregunté a todos si daba miedo todos me decían que no, la gente fue encantadora y me trataron genial, y llegó el momento y me puse a llorar. Estaba muerta de miedo, pero ahí estaba afrontándolo, llorando sí, pero ahí estaba. Hubiera podido hacerlo mejor, no llorar, no repetir mil veces que estaba muerta de miedo, pero lo afronté, no importa cómo, lo importante es hacerlo, enfrentarte a tus miedos. Fue muy curioso porque al subir lloraba de miedo y una vez arriba lloraba de emoción, de felicidad. Si hubiera tenido un teléfono en ese momento hubiera llamado a mi madre para decirle cuantas cosas me he perdido por miedo y lo feliz que estaba siendo en ese momento. Y es que lo mejor de la vida, está detrás del miedo.

A mi aun me queda mucho trabajo, mi lista de miedos es interminable, pero si compartir mi experiencia con vosotros os ayuda, me alegro mucho, os animo que a poquito a poquito vayamos superando nuestros miedos, y juntos poderlo compartir.

Un océano de besos desde el cielo…estoy volando….

Lorena

 

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